CÁNTIGAS DE EMILIANO R. FERNANDEZ EL SABIO

Del ajeno Canto al romancero guarani

…’que no sean Castellanos/mátente con aguijadas,/no con lanzas ni con dardos;/con cuchillos cachicuernos,/no con puñales dorados;/abarcas traigan calzadas,/que no zapatos con lazo;/capas traigan aguaderas,/no de contray ni frisado;/con camisones de estopa,/no de holanda ni labrados;/caballeros vengan en burras,/que no en mulas ni en caballos;/frenos traigan de cordel,/que no cueros fogueados.(…). Así expresaba el canto de ‘Romance del juramento que tomó el Cid al Rey Don Alonso’, canto que expresaba la vigencia oral de lo sucedido en la invención del ‘romancero’ español en un par de siglos: de mediados del XIII a mediados del XV aproximadamente. Ahí se ubica el horizonte originario del canto popular paraguayo, con la aparición del fenómeno del canto popular llamado Emiliano R. Fernández.

‘Un sinnúmero de indeterminado de octosílabos, cuyas rima asonantada la repiten constantemente los versos pares’, (aunque existan el romance endecasílabo y el romancillo); de esa manera, formal, por cierto, se define en su aspecto al romance. El romance es una de las formas literarias orales que emerge desde sus lejanos mundos originarios medievales. El Quijote de Cervantes decía de aquellos que buscaban el ejercicio de la poesía y de la música: ‘todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores’. Un clásico de la colecta y estudio sobre el tema, como Ramón Menendez Pidal, señalaba: Gracias al Arcipreste de Hita sabemos, a pesar de la enorme escasez de noticias cronísticas o documentales, que la juglaría popular castellana, hacia 1330, había alcanzado un desarrollo extraordinario, cuando para ella escribía nuestro poeta más genial de la Edad Media: ni el carácter clerical, ni las prohibiciones conciliares, ni la extensa y docta cultura, nada de esto apartaba al Arcipreste de hablar “en juglería” para que los actores andariegos y las cantaderas publicasen por calles y plazas las aventuras y las trovas del Buen Amor.’Con el paso de los años, para nosotros, el romance gana en frescura y color en concisión expresiva. Si el romancero es español por su forma poética, por su pervivencia a través de los siglos, acompasada por el quehacer de la conquista española en Paraguay, como en otras regiones latinoamericanas; simples hombres y mujeres partícipes del diálogo cultural, revierten el estado de sometimiento conquistador al transportar en sus alforjas todo tipo de manifestaciones populares practicadas en su país de origen en un habla ‘vulgar’, con el propósito de comunicar la lengua romance en la cual ‘suele el pueblo fablar con su vecino’. Pero el romance, como género tiene además otros buenos atributos que lo caracterizan: es en definitiva una canción popular, con una línea argumental, una historia, y un estilo narrativo y realista. Su lenguaje es directo, parco en metáforas. Los antecedentes históricos del romance español, atañen tanto su técnica como su contenido. Y sus orígenes se remontan a tiempos y circunstancias sin referencia por documentación escrita. Es el mundo intangible, frágil, porque todo se transmite a través de la palabra y los gestos. Sin embargo, el romance es un organismo vivo, un patrimonio vivo, aunque sujeto a evoluciones, a transformaciones. ‘Simultáneamente con el romance y la copla nació la narrativa epistolar en tierras guaraníes’ señalaba Carlos Centurión en su libro “Historia de las Letras Paraguayas”.Todos recuerdan, quizá, el romance centenario de Ciro Bayo que en parte expresaba: ‘Santo Tomé iba un día/ orillas del Paraguay, aprendiendo el guarani/para poder predicar./Los jaguares y los pumas/no le hacían ningún mal,/ni los jejenes y avispas/ni la serpiente de coral.’Al navegar sus cantos en forma de romanza por los valles y forestas en Paraguay; la romanza ajena se somete a la lengua nativa para transformarse en un ‘romancerío guarani’ o un ‘romancerío jopara’que toma curso y se expande; primero en la región oriental, entre el siglo XVII- XVIII, y luego en su agobiante trajinar por las sendas espinosas, por sinuosas picadas o por sobre los humedales del Chaco, a finales del siglo XIX, rueda en boca de troperos cantores, originarios de Concepción, de San Pedro o de Misiones. Para entender el canto popular guarani campesino, para observar sus orígenes y transformaciones debemos entender, observar primero sus raíces: el romancerío popular español. Con razón, el gran pensador latinoamericano José Martí, había entendido la relevancia de la transculturalidad simultánea, es decir; la adopción y cohabitación de varias culturas al mismo tiempo y en un mismo momento, donde la práctica social de las comunidades culturales, a través del tiempo, le asigna la relevancia de saber: elegir, consignar, adoptar, desechar y enriquecerse. Marti decía: ‘injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas’. Eso fue lo que aconteció con el carreteo de la romanza popular española en su largo caminar hasta el Paraguay. Muchos artistas populares, desconocidos y contribuyentes de la imaginería musical no serán nunca identificados, por la propia particularidad del fenómeno y su apropiación colectiva en ese esfuerzo mancomunado de compartir lo que se siente y volcar –en este caso- el canto y la música a manifestaciones que se constituyen en formas culturales. Emiliano R. Fernández es la resultante histórica de varios siglos de experiencia musical colectiva. El lugar de su nacimiento sigue siendo motivo de controversias, pero Emiliano R. Fernandez nace en 1894. El ensayista Roberto Romero recordaba que, ‘En toda su obra poética conocida no se encuentran términos que digan “Pueblo donde nací”, “upépe a nacé vaecue” o “tava che reñoi jharé”. Tal vez porque se considerase, él mismo, un poeta nacional cuya perenne fuente de inspiración era la patria toda”. Emiliano R. Fernández fue poeta y músico. Como poeta, supo sintetizar la necesidad popular de fundir dos lenguas (castellana y guarani); dos maneras de sentir, de pensar, en una sola; por demás, en un estilo único, muy personal pero de connotada expresividad imaginativa. En 1927, en su canto ‘Hî’â chéve’ expresa: ‘Camalotero aikose/tasêgui pe ysyry/ne rendápe tagûahê/taraha nde yvoty’. Su vivencia por esos tiempos en el Chaco del Alto Paraguay lo lleva a escribir sus notables ´Primavera I’ y ‘Primavera II’, entre otras canciones en una descripción del paisaje y la naturaleza pero de exquisita espontaneidad poética, como en su ‘Pyhare amanguype’. La revista ‘Ocara poty cue mi’ que congrega a poetas de lengua guarani, es la publicación donde la poesía de Emiliano lo lleva a su consagración máxima: como poeta y como músico. Sus canciones patrióticas, y principalmente aquellas de encendido corte patriótico lo sitúan al poeta-cantor a celebrar batallas y convertirse en el soldado-poeta de la Guerra del Chaco. El destino lo depara un final trágico a consecuencia de una bala homicida. Muere, Emiliano en un setiembre casi primaveral de 1949, pero su canto y su poesía llega siempre a nuestros corazones para transformarse en el Ave Fénix de la canción popular paraguaya.

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