LA SABIDURÍA DE LOS SABIOS EN PARAGUAY (M.Bertoni)

LA SABIDURÍA AL SERVICIO DE LA PATRIA

LA SABIDURÍA DE LOS SABIOS EN PARAGUAY

Arrimar al puerto de nuestra memoria paraguaya es reconocer el aporte y la ofrenda de una familia toda, consagrada al reconocimiento de lo que tenemos, lo que perdimos, lo que somos, lo que fuimos. Y esa familia fue la familia Bertoni. El capitán del Arca fue un tal Moisés. Moisés Bertoni, de origen suizo, arriba al Paraguay en 1882, luego de haber resuelto (risolto) su proyecto, como lo hacía notar muy claramente en su lengua italiana natal: “a fondare una colonia-comunità socialista tra gli’Indiani del Centro del Sud-América”. El Dr. Bertoni apoyado por su mujer, primero, y en el devenir con el apoyo de sus familiares, emprende en Paraguay, actividades de estudio de la flora, se interesa en las sabidurías ancestrales y técnicas tradicionales nativas. Pone empeño en conocer los avatares del clima en éste país; país que lo adopta como su propia Patria: “nada hay comparable al Paraguay” decía. La familia Bertoni participaba de la colecta, clasificación y ordenamiento de las especies vegetales, primero en Yaguarazapá, y luego en un lugar conocido como Puerto Bertoni, en la confluencia del río Paraná con el Iguazú. Moisés inicia sus búsquedas, clasifica las plantas, las ordena en una colección, donde las mismas siguen un orden correlativo desde 1891. En las siguientes etapas consigna la participación de toda la familia por su propia acepción latina: “Dr. Moisés Bertoni (Helvetius) et Filii. Plantae Paraguarie”, como nos señalaba Isabel Basualdo, una gran conocedora de los aportes bertonianos. Sus hijos, fueron ocho, cada uno de ellos dedicados a apoyar al padre científico y prosperar, por la senda de formación personal y actividades posteriores. Entre sus hijos, recordamos por su nombre de pila: al flechador de manzanas de denominación mítico suiza, Guillermo Tell. El mismo señalaba lo siguiente a propósito de su padre: “…en esta su patria adoptiva en que amó, ya no con pasión, sino con delirio”. Guillermo Tell, fue agrónomo, estudió la economía paraguaya, y se interesó, además, por la lengua guarani. Fue uno de los fundadores y animadores de la Sociedad Científica del Paraguay, junto al gran mecenas Andrés Barbero y Emilio Hassler. Este último, también suizo y médico, llegó al Paraguay en 1883, un año después que Bertoni, y realizó estudios botánicos durante casi medio siglo, y bajo la estrecha colaboración del paraguayo botanista poco reconocido, Teodoro Rojas. Guillermo Tell, tuvo un rol protagónico en la creación, y la animación de la Presidencia por un buen período de la “Academia de la Lengua y la Cultura Guarani”. Cabe recordar que G.T.Bertoni llevó a redacción un estudio notable para la época : “Fonología prosodia y ortografía de la Lengua Guarani, publicada en 1926, en la Revista de la Sociedad Científica del Paraguay; investigación que fuera presentada en un seminario en Brasil por esos mismo años. En dicho estudio señalaba, por ejemplo: “ En efecto, las dificultades que ofrece la lectura de los escritos en lengua guarani no radica sólo en la falta de una grafía uniforme pero principalmente en la ausencia absoluta de reglas fijas y el descuido de los autores en lo que respecta a la prosodia y a la formación de las palabras”. Al echar una mirada a distancia y ubicando sus opiniones en su contexto podemos intuir, sin temores, que estamos ante la pluma de una personalidad indiscutible, miembro de un prestigioso clan familiar, dedicado a la promoción del conocimiento científico y a favor por la revalorización de la soberanía cultural, ecológica y consideración de lenguas y sabidurías guarani. Guillermo Tell, como el resto de sus hermanos, fue inspirado, acompañado, guiado por los valores y por los principios de su padre, sabio y poseedor de una gran cultura. Poco conocemos a ese Gran Bertoni, poco se ha escrito, y todavía llevamos la carga de una gran deuda a su figura. En ese mismo sentido, para constatar el alcance del científico, prefiero dar la palabra al Dr. Moisés Bertoni, quien, un 19 de diciembre de 1922, desde las selvas del Alto Paraná, escribe a su hijo Guillermo Tell, en éstos términos y en un español luminoso, emotivo; misiva de Padre a Hijo, plena de enseñanzas:

“Puerto Bertoni, 19 de Dic. 1922

Muy querido Tell:

Recibí ayer tu carta del 2, y mamá la suya; ya teníamos tu anterior. Te debo dos reglones, a pesar de no tener tiempo; lo que traje de plantas, semillas, libros, material de estudio fichas y apuntes es enorme y no obstante haber llegado el 26 de nov.; no pudimos acabar, Aristóteles y yo, de arreglarlo todo como debido. Así que la imprenta recién va empezar a fin de mes. Ni se todavía si empezaré con el 2º vol. de “Civilización Guaraní” o con el informe de mi viaje.

Este ultimo es urgente y me atrae sobremanera; me atrae demasiado; y le temo por que tengo material para un groso tomo; y que veré en el duro caso de tener que reducirlo a proporciones relativamente mínimas, por falta de tiempo, cuando yo tendría tantas y tan interesantes cosas que decir!!

(…)

Soy lo más elevadamente espiritualista que mis alas den, y trato de serlo cada vez mas; pero esto no me impide ver claramente las materialidades de la vida y comprender perfectamente la necesidad fundamental. Diariamente me pregunto. ¿Que haremos?¿Que podremos hacer por el pan, dedicando a la causa Nacional y al estudio del país. En un país falto de organización económica, con gobiernos que se encargan de anular con leyes el esfuerzo del individuo que aun lucha a pesar de su aislamiento, que reservan sus protecciones para los mas osados charlatanes, y guardan las mejores canonjías para los que proclaman el cretinismo de la raza y dan por necesaria la humillación de la bandera ? Nada puedo contestarme. Solo se que esto no puede durar, pues absolutamente se impone una solución. Cualquiera ella sea el año 1923 tendrá que verla

(…)

Querido Tell: mi tiempo es poco; no puedo escribir a todos; ni a los mejores amigos; es preciso que me sirvas de intermediario o me digas que no te conviene pues puede ser muy bien que las cosas lleguen a un punto en que mi actitud pueda comprometer quizá tus proyectos con tus intereses personales. Es preciso que informes tal como es, al respecto de lo que hago y pienso; de otra. Allí todo siguen en la mayor ignorancia al respecto peor aun: piensan muy otra cosa los amigos y los del gobierno, y aun los inimigos, que suelen ser los mejor informados. Y para empezar, es preciso que tú mismo te des cuenta más exacta, y obres en consecuencia cuando quieres obrar.

Esto me lleva a contestar tu idea de hacer nuevas gestiones por el cobro de lo que el Gobierno debe. Me opongo a que hagas la más mínima; pues yo no haré ninguna, por ahora. Cuando será tiempo, exigiré lo que es mío, o pediré nada más; pero propondré honestamente lo que salvará al país de un escándalo, si el gobierno es patriota, como aún espero. Propondré algo lógico: que cumplan con la ley. Nada más; pero nada menos. Pero ya no podré aceptar más, ni promesas, ni plazos; mi situación y mi edad no lo permiten más; y mucho menos lo permite mi dignidad. Y venga lo que venga; pero ¡situación clara!

El año próximo (¡a los nueve años!) iré a la Asunción. Pero pienso con tristeza en ese viaje. Soñé ir para un casi triunfo, e iré tal vez para la despedida. Pensé ir cada año para dar unas conferencias; la intriga por un lado, la indiferencia por el otro y la actitud de los gobernantes me excluyeron de allí; y ahora iré para presentar una reclamación de mera justicia y la última propuesta que haré al Paraguay. Y ¿Cómo no pensar en la probabilidad de no ser atendido? Y ¿Cómo no tener la resolución hecha de retirarme al no encontrar un franca aceptación? No puede haber duda que me retiraría; es cuestión de dignidad. Si me retiraré, y acaso por última vez, al remacharse la atroz ofensa con una denegación de mera y vulgar justicia, y rechazo de quien ofrece el sacrificio de lo que le quede de su vida, a trueco de un modesto auxilio que le permita tal sacrificio. Y todo esto es lo que mis amigos precisan saber, y saberlo de antemano; pues de otra suerte, como ya te dije hace más de un año yo, a más de inutilizar su buena voluntad, les ofendería. Si temes que el barullo y el ruidoso escándalo que eso puede producir te perjudique, prénsalo bien y dímelo franco; yo lo comprenderé fácilmente pues tu situación es muy distinta a la mía. Pero no me tengas a mí en la duda y a los amigos en la oscuridad.

(…)

Así que es inútil, Tell, repetir los paños tibios del silencio sobre este nacido, que será tanto más grave cuanto más tarde en reventar. La política de querer andar bien con todos servirá para ti; yo la seguí también durante lustros, con el resultado que ves; la seguiría aún, si posible fuese; pero ya no hay mas asomo de posibilidad.

(…)

De tu carta del 9 a mamá veo que piensas mover el asunto de mis publicaciones que el Gobierno recibió y tan mal administra. Sería doblemente útil si fuera posible conseguir que distribuyan y envíen. En cuanto a las nuevas, no se entregarán mientras no paguen todo, como ya te escribí; seria ser ya demasiado inocentes.”

Asunción 24 de diciembre de 2007

Apreciado y Dignísimo Señor,

Dr. Moisés Bertoni,

Si supiera, aquellos que lo recordamos, y quienes hemos depositado en Usted y en la obra que ha dejado para el Paraguay, nuestro más alto respeto. Haciendo honor a vuestra entrega como científico, como persona humana, preocupado por la justicia social, la solidaridad, el Patrimonio cultural guarani, la dignificación del aporte creativo de todos quienes están comprometidos con el porvenir y la felicidad de todos en la Patria; le decimos; desde su partida hace más de un centenar de años, casi nada se hecho por encausar la investigación científica en su justo lugar. La destrucción de los bosques ha sido brutal y sistemática, con ello se han perdido para siempre las posibilidades de conocimiento y solución de los problemas económicos, culturales y ecológicos de la Nación. Hoy, -si no se toman medidas urgentes de reposición- se habla de un escenario terrible para la especie humana: su desaparición posible y para siempre de la faz del Universo. El hommo diabulicus fue remplazado por el hommo sapiens, donde prima sólo el mercado, y cuyo proyecto es convertir todo objeto, toda invención, toda emoción, toda relación social en mercancía, haciendo tabla rasa a toda sabiduría, a la sensatez. Muchos como Usted, Dr. Bertoni, han entregado sus vidas. Los que combatieron por una sociedad más justa, fueron perseguidos, castigados, reprendidos, excluidos, silenciados. Casi de la misma manera como lo hayan tratado. Muchos paraguayos y paraguayas tuvieron que vivir fuera de su Patria, o fueron exiliados. Sabemos que ha sacrificado gran parte de su vida a difundir el conocimiento científico. Que de su colección de más de 40 mil piezas de las que hablaba en una carta dirigida a un Presidente de la República, instándole a que el Estado se haga cargo de conservarlas y que los estudios botánicos sigan su curso, en gran parte se han esfumado, o han sido devoradas por las ratas, carcomidas por los insectos, o anegadas en zozobra por la humedad. Si viera en que situación se encuentra nuestro Archivo Nacional, la Memoria de la República, comprenderá nuestra preocupación. De preciosos ejemplares de especies vegetales cuidadosamente clasificados y descubierta sus propiedades como el caso de su Stevia rebaudiana (Bertoni) Bertoni, ya famoso Ka’a hê’e, el endulzante natural que aportaría felicidad a centenares de millones de personas en el mundo que sufren de diabetes, fueron confiscadas por grandes corporaciones y patentadas, de manera que ya no pertenezca al Paraguay. Sepa Usted, Dignísimo Señor, nada está perdido. La buena gente, la gente que piensa, los jóvenes, conscientes de que ya no va más, reivindican y se organizan para restituir el conocimiento y contribuir a un cambio necesario en nuestra sociedad paraguaya. Como lo señalaba: “nada hay comparable al Paraguay”. ¡Paraguay vale la pena! Puede contar con nuestro compromiso a su inmenso legado. Lo hacemos nuestro, al entender, perfectamente el alcance y la hondura de sus pensamientos; aquellos trazados por Usted en su italiano maternal:

“La Giustizia non basta, è necesario l’Amore; (…) con esso solamente le nostre azioni risulteranno del sofio divino che si anima (…) La solidarietà umana è na verità absoluta, perchè la solidarietà è l’amore visto del cervello, e l’amore è la forza universale, la verità eterna; è Dio”.

Hasta aquí, quien lo respeta, le reitera su agradecimiento por habernos dejado ese legado en momentos en que, el mundo se desploma y la especie humana toda soporta su futuro incierto, es decir, su casi desaparición definitiva de la faz de la tierra, por causas del delirio y, fustigado por unos pocos, y esas causas reales de riesgo son: una guerra termonuclear, o por el agotamiento de los recursos para la vida.

Por último, le confieso; pienso que he tratado de arrimar sus pensamientos a los olvidados, a los pobres de nuestras comarcas.

Le saluda con alto respeto!

Guillermo Sequera

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